Pública En numerosas ocasiones me he autorretratado: utilizando diversas técnicas y soportes, desde lienzos hasta papel, en formatos pequeños o de gran tamaño. Sin embargo, este ejercicio transciende lo técnico, y me lleva a reflexionar profundamente sobre mi identidad de artista en el contexto eurocentrista y heteronormativo actual. Así que, en este viaje introspectivo, trataré sobre el proceso de creación de mi más reciente autorretrato, ilustrando lo que implica ser artista desde mi punto de vista y se estableciera una comparación con artistas históricos y contemporáneos a fin de determinar cómo ha cambiado y evolucionado la práctica artística.
Mis dilemas sobre cómo definirme como artista no son algo nuevo, ni para mí, ni para la sociedad. A lo largo de la historia, las sociedades han enfrentado las dificultades para diferenciar y definir el rol de los artistas y los artesanos, mezclándolos durante siglos. Si bien los artesanos rara vez eran reconocidos como creadores, sus trabajos y obras eran valorados. Por ejemplo, en el antiguo Egipto no existía una palabra específica para designar a un “artista”. Eran meros funcionarios pagados para cumplir encargos propagandísticos del faraón. Algunos eran mejor reconocidos socialmente que otros, pero todos desempeñaban su labor desde el anonimato visto como el fin más importante.
En Grecia y Roma, se esperaba de los artistas que siguieran parámetros establecidos ya que los trabajos manuales eran considerados con menosprecio. Solo en el Renacimiento, los artistas que buscaron la protección de poderosos aliados en la corte pudieron independizarse de los gremios creados en la Edad Media, y así separar las bellas artes del trabajo artesanal. Aun así, desde mi punto de vista sería interesante romper con la distinción tradicional entre arte y artesanía, esta fragmentación no tendrá que existir, y ambos tendrían que recibir un estatuto más elevado. Considero que un artista puede ser hombre, mujer, no binario. No hay edad, capacidades intelectuales, ni cultura que deba prevalecer, porque el artista usa su imaginación para producir obras que expresan sus ideas o conceptos, a través de emociones y experiencias vividas. Cualquier barrera que limite esta capacidad creativa debería ser cuestionada y desafiada.
En cuanto a mi autorretrato, decidí hacerlo en forma de desnudo. Hace pocas semanas cumplí 47 años, y estos últimos meses han marcado una nueva etapa en mi vida. Quiero que mi obra refleje este renacimiento con toda sencillez que puede conllevar, sin ninguna pretensión, quitándome la máscara. Me doy cuenta de la dificultad de la tarea, tal como Lucy Lippard redactó “…cuando las mujeres hacen uso de sus propios rostros y cuerpos son inmediatamente tachadas de narcisistas… Porque las mujeres son consideradas objetos sexuales, se da por sentado que cualquier mujer que muestre su cuerpo desnudo en público lo hace porque se cree bella”.
Desde la época helenística, las mujeres en el arte han sido representadas desnudas con frecuencia como meros objetos, valoradas exclusivamente por su belleza o atractivo sexual. Con esta obra, quise romper tabúes y connotaciones sexuales, representarme mi cuerpo de forma libre, desafiante, distante contra la objetificación que impone la presión social para cumplir ciertos estándares y normas. Escogí como medio la fotografía, creando una atmosfera domestica con elementos cotidianos que me rodean: el sofá, los cojines, haciendo un guiño a La maja desnuda de Goya y a los retratos serigrafiados de Andy Warhol. Aunque varios siglos le separan, ambos artistas me atraen por sus personalidades transgresoras.
Mi primera fuente de inspiración es la artista mejicana Frida Kahlo, por la intensidad de sus autorretratos. Se pintó cincuenta y cinco retratos a lo largo de su vida. Como describe Rosa Castro, utiliza el canon occidental y latinoamericano: es barroca, ecléctica, imaginaria, mágica… pero le da un toque tan personal que la hace única. Sus obras cuentan cómo se sentía, con mil y una facetas de su vida, sin embargo, nunca sabremos quién era realmente la verdadera Kahlo. Ella, a través de la representación de su cuerpo, nos hacen sentir emociones que pueden variar desde la repulsión, el amor, la piedad hasta la fascinación. Su obra Henry Ford hospital (1932), por ejemplo, es especialmente impactante, ya que nos invita a compartir su sufrimiento tras un aborto natural. Su cuadro tramite soledad y dolor y ese grado de intimidad crea un acercamiento a la artista. (Kettermenman, 2015) Por oposición, en mis autorretratos intento mostrar lo mejor de mí, no la oscuridad, ni los miedos y eventos negativos que me han pasado. Al revés, cuando pensé en realizar el retrato pensaba en rodearme de todo lo importante y positivo en mi vida. Sin embargo, lo he descartado al considerarlo demasiado común y sin verdadero interés. Decidí apostar por algo totalmente diferente y transgresor.
Mi segunda fuente de inspiración es la artista cubana Ana Mendieta, quien parece fusionar con su arte. (Castillo, 2018) Se involucraba totalmente en el proceso de creación independiente del medio utilizado (video, performance, escultura, fotografía…). A menudo, usaba el discurso pre-occidental y primitivo para hablar de temas sociales y feministas. Su visión era un verdadero grito de cambio desde el punto de vista de una artista latinoamericana, desraizada, exiliada. La obra que me interesa especialmente es su performance denunciando la violación y asesino de una estudiante en su universidad Untitled (Rape Scene) (1973), donde se cubre de sangre y se ató a su mesa en su apartamento, tomando por sorpresa a un grupo de amigos que debía venir a cenar en su casa (Navarrete, 2021). Me identifico con su grito de frustración. Esta habilidad de hablar desde el punto de la mujer – “todas somos unas” – Ella es yo y es la victima … Me llega y me hace reaccionar. En este sentido como artista, estoy más cerca de la obra de Frida Kahlo que tiene mil facetas a través de sus retratos que de Ana Mendieta, que tiene consistencia en su denuncia.
La manera de representarse ha evolucionado a través de las épocas. Antes el Renacimiento, los artistas no se representaban a sí mismo. Los autorretratos han florecidos: desde el egocentrismo, cuando los artistas de la corte se representaban con la familia real como reconocimiento social, o con su caballete, para presentarse como profesional, o incluso para entrenarse como fue el caso de Van Gogh quien no podía pagar a modelos. También los autorretratos han servido de autoayuda como Frida Kahlo, o para denunciar estereotipos (Compas). El autorretrato independientemente del porque se ha hecho, es una herramienta personal, clave para construir el conocimiento del artista al nivel iconográfico. Muchos artistas son tan famosos como su obra, y ambos se retroalimentan en el imaginario colectivo.
Bibliografía y referencias
Castro, Elvia Rosa “Frida Kahlo y Ana Mendieta ante el canon occidental” (BLOG) julio 10, 2020 https://elsrcorchea.com/frida-kahlo-y-ana-mendieta-ante-el-canon-occidental-un-texto-de-1996-parte-ii/
Castillo, Mónica. “Ana Mendieta artista Obituario” New york times. 21 de septiembre de 2018 https://www.nytimes.com/es/2018/09/21/espanol/cultura/ana-mendieta-artista-obituario.html
Compas, Joan i Montaner. UOC. El artista a lo largo de la historia pag 34-42, 57, 72.
https://materials.campus.uoc.edu/daisy/Materials/PID_00248783/pdf/PID_00248783.pdf pag 34-42
Kanz, Roland. Portraits. Taschen GmbH, 2008, p.70
Kettemerman, Andrea, Fridah Kahlo pag 37-39 Khalo, Taschen GmbH, 2015 ISBN 978-3-8365-0080-7
Museo Nacional del Prado. “La maja desnuda” Fecha de acceso:12 de noviembre de 2024 https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-maja-desnuda/65953b93-323e-48fe-98cb-9d4b15852b18
Navarrete, Javiera, “La figura de la violación en el arte feminista a propósito de untitled rape scene de Ana Mendieta”. Revista Oropel. 2021
Lippard, Lucy “The Pains and Pleasures of Rebirth: Women’s Body Art”. Art in America 64, nº3 ( May/june 1976) Pag. 73-81
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